viernes, 16 de enero de 2026

Sabrina Carpenter: Man's Best Friend (2025)

 "Simpáticas subidas de tono..."

Tras haber dado el golpe comercial en 2024 mediante el genérico Short n' sweet tenemos rápidamente de regreso a Sabrina Carpenter. Y claro, el plato no debe enfriarse por lo que había que lanzar otro conjunto de canciones buenistas y pegajosas donde el foco está puesto 100% en las letras. Este Man's best friend hay que entenderlo por tanto desde ahí pues si alguien se va netamente a lo musical inevitablemente saldrá decepcionado pues lo que la vocalista muestra, más allá de alguna honrosa excepción, vuelve a apuntar a la canción facilona, de manual y por lo mismo, rápidamente olvidable.  

El punto fuerte (?) por tanto de este álbum están en los mensajes, en las constantes subidas de tono y el buen humor con el que Sabrina juega con el doble sentido todo el tiempo. En 'Manchild', por ejemplo, se reirá de su desgracia al recaer con un tipo inmaduro ("Por qué tan sexy siendo tan tonto? / Elijo culpar a tu madre...") mientras que en 'Tears', más cargada a la onda disco (rozando un plagio al clásico 'Upside down' de Diana Ross), será descaradamente sexual ("Me mojo solo de pensar en ti / Lágrimas corren por mis muslos..."). De esta forma se sucederán medios tiempos o baladas corrientes (enfocadas todas en historias con hombres) como 'My man on willpower' o 'Sugar talking', hablando de desamores, de rupturas y reconciliaciones en 'We almost broke up again last night' ("Tuvimos sexo y nos arreglamos / Le dijimos a nuestros amigos que fue una falsa alarma / Pero anoche casi terminamos otra vez...") o decepcionándose en 'Nobody's son'. 

El contraste entonces entre melodías dulces y letras provocadoras será constante a lo largo del disco siendo este ya un elemento característico en la performance de la estadounidense. En dicho sentido, la única que rompe un poco este molde es 'When did you get hot?', relatando la sorpresa de encontrarse con un viejo conocido que ahora está bastante bien ("Eras un chico horrible/ ¡Y ahora un tipo muy sexy! / Lamento no haber tenido visión..."), esto entre arreglos electrónicos algo sugerentes. Sin embargo, todo el resto del álbum navegará entre melodías de cuerdas o teclados bastante amenos y nada especiales. 

Man's best friend vuelve a mostrar por tanto al personaje que Sabrina Carpenter insiste en construir. Esa chica estereotipada (rubia y carita de inocente) pero descarada en sus mensajes y que hace uso del buen humor como arma. Desde lo musical el disco se debate entre simpáticas invitaciones al baile ('House tour' es otra que funciona) y baladas varias. Considerando lo rápido que ha llegado este disco respecto a su antecesor habría que decir que no está mal, aunque nuevamente, tampoco mucho más. 

¿Canciones? 'Tears' y 'House tour'.

6,5/10
Cumple y algo más...


Otras reseñas de Sabrina Carpenter:

martes, 13 de enero de 2026

30 Años De... Los Fabulosos Cadillacs: Rey Azúcar (1995)

 "La canción valiente es canción para siempre..."

Para mediados de los noventa Los fabulosos cadillacs contaban con una década de carrera y venían de mostrar credenciales mediante El león (1992), un trabajo de puntos altísimos donde los argentinos supieron conjugar la vibra latina/fiestera de su sonido ('Gitana', 'Siguiendo la luna') con canciones profundas y de alto contenido social ('Manuel Santillán, el León', 'Desapariciones'). Aquel álbum cargaba con un problema eso si: su extensión, el disco era muy largo y con demasiado material de relleno. Quizás precisamente por lo anterior fue que alguien tuvo la buena idea en 1993 de publicar Vasos vacíos, un compilado de grandes éxitos que terminó por consolidar a la banda a nivel latinoamericano en base a una serie de hitazos históricos e incontestables. Dicho álbum, sin embargo, incluía dos canciones inéditas,  'Matador' y 'Quinto centenario', las cuales anticipaban por donde vendría la mano en un futuro inmediato. Ambas canciones estaban compuestas por el bajista Flavio Cianciarulo y conjugaban dos aristas que comenzarían a empapar el sonido de la banda: un fuerte carácter contestatario y ciertos acercamientos con el rock. De esta forma en 1995 llegaría Rey azúcar, un trabajo diverso que encuentra a los argentinos en su pico creativo mediante una lista que (esta vez si) funcionaría de manera impecable prácticamente en todo su trayecto. 

Destacarán acá las composiciones de Flavio, abriendo con ese himno generacional que fue 'Mal bicho', de característicos vientos (en ese sentido la canción está hermanadísima con la ya mencionada 'Matador') y una serie de líneas que disparan sin miedo en contra del racismo y los autoritarismos ("Que me hablás de privilegios / De una raza soberana / Superiores, inferiores / Minga de poder..."). Más adelante las temáticas peliagudas volverán a aparecer, primero en 'Paquito' y sus referencias a la discriminación a causa del contagio de VIH ("¡¿No era solo cosas de maricas y adictos?! - Grita su padre / Y se pregunta en que pudieron fallar..."), la sabrosa 'Raggapunkypartyrebelde' ("Gano poco, gano mal, tengo poco que comer / Pero tengo para bailar y eso si está bien...") y, por supuesto, la furiosa y rockera  'Las venas abiertas de América latina', que en menos de tres minutos resume a la perfección el carácter indómito y salvaje que derrocha este álbum.

Todo lo anterior se conjugará con los aportes del saxofonista Sergio Rotman en el reggae de 'Ciego de amor', en el ska de 'Miami' y en la revolucionaria 'Hora cero' (dedicada al guerrillero nicaragüense Augusto Sandino), además de pasadas cargadas al baile en la exquisita 'Carmela' (compuesta por el baterista Fernando Ricciardi), 'Reparito', la joya escondida que es 'Padre nuestro', 'Muerte querida' y la balada 'Estrella de mar', todas estas últimas escritas por Gabriel Fernández Capello, o sea, Vicentico. Por cierto, a todo lo anterior habría que sumar además la influencia internacional que recibió el álbum, reflejado en la tremenda versión presentada del clásico beatlesco 'Strawberry fields forever', que incluyó la mítica participación de Debbie Harry de Blondie, así como la producción a cargo de Tina Weymouth y Chris Frantz, miembros históricos de Talking heads

La multiplicidad de autores y/o participantes es algo que desborda en Rey azúcar y el momento inspirado que vivía cada integrante ciertamente colaboró en la entrega de un álbum enorme tanto en términos de estilos, arreglos como temáticas. El mejor álbum en la carrera de Los fabulosos cadillacs sin lugar a dudas y uno desde donde la banda solo podía comenzar a desvanecerse. El futuro les depararía un experimental (y fallido) Fabulosos calavera (1997) para acabar cerrando su historia con La marcha del golazo solitario (1999), dos álbumes curiosos y dignos de análisis que espero abordar en 2027 y 2029 si la vida me lo permite. Será hasta entonces...

¿Canciones? 'Mal bicho', 'Carmela', Raggapunkypartyrebelde', 'Las venas abiertas de América latina' y 'Padre nuestro'.

9/10
Brillante.

sábado, 10 de enero de 2026

30 Años De... Soda Stereo: Sueño Stereo (1995)

 "Animal en constante cambio..."

Así como hay bandas que naufragaron, otras supieron leer muy bien el complicado paso desde los 80s a los 90s, y una de ellas fue Soda stereo. Conocida es la metamorfosis que los argentinos experimentaron por aquellos años encontrando en el espectacular Dynamo (1992) la mejor versión de dicho proceso. Sin embargo, aquel discazo no representó un hecho puntual si no más bien el puntapié inicial para una trilogía fascinante que encontró continuidad en Sueño stereo y vivió su definitivo canto del cisne en el excelente Confort y música para volar (1996)

El contexto no era fácil eso si. Para 1995 la convivencia no andaba en buen pie al interior de la banda, sin embargo, los argentinos supieron para 1995 enfocarse en la creación de último álbum de estudio, un disco donde la mano creativa de Gustavo Cerati comenzó a tomar un peso prácticamente incontenible en una lista de canciones que equilibró momentos melódicos y accesibles con otros centrados fuertemente en las atmósferas, anticipando en cierto modo los afanes experimentales que el vocalista profundizó en su posterior álbum en solitario Bocanada (1999)

A diferencia por tanto de un disco como Dynamo, que se caracterizó por sus guitarras desatadas y dinámicas inquietas, en Sueño stereo encontramos a una banda bastante más reposada que cuando va al rock lo hace de manera controlada mediante singles enormes e históricos como 'Ella usó mi cabeza como un revolver', 'Paseando por Roma' o 'Zoom' (que no es más que una de las tantas jugarretas de Cerati en donde se dedicó a mezclar canciones antiguas, en este caso sampleando a las bandas setenteras Sparks y Hello), las cuales muestran una faceta menos estridente del trío, lo mismo en los notables medios tiempos 'Disco eterno' u 'Ojo de la tormenta', armando así una Cara A impecable que complementará con baladones como 'Efecto doppler' y la bonita 'Pasos', pequeña gran joya esta última y que de haber sido single seguro se habría convertido en un clásico de la banda. 

Dicho todo lo anterior, el principal mérito de este Sueño stereo se encuentra en su segunda parte pues pasado el nudo la lista se olvidará de los hits y entregará una secuencia "de aquellas", regalando  momentos inspiradísimos. Destacará acá inmediatamente 'Ángel eléctrico', con seguridad una de las mejores canciones en la carrera de Soda stereo, donde la producción supo sacarle partido al sonido de cada integrante (la guitarra de Gustavo, batería de Charly Alberti y bajo de Zeta Bosio se oyen acá con una claridad que impacta), siendo además la única en todo el álbum que con su sonido se acerca un tanto a lo que la banda había hecho en Dynamo. Siguiendo con el álbum, ''Ángel eléctrico' conectará de manera impecable con la delicadeza acústica de 'Crema de estrellas' para dar paso al épico cierre del álbum con 'Planta' + 'X playo' + Moiré', tres que en arman un continuo de doce minutos que destaca por sus atmósferas etéreas.  

Sueño stereo es un disco impecable que funciona desde donde se mire. Uno de esos álbumes que "no tiene canción mala". Es que ni siquiera regular. Los singles incontestables están, sin embargo lejos de quedarse en estos la lista se muestra ambiciosa y confirma a Gustavo Cerati como ese animal en constante cambio que desarrolló durante su carrera. Quizás el trabajo luce algo meloso en comparación con su antecesor, pero aquello no le resta méritos en absoluto pues el álbum tiene identidad propia y aquello hay que dárselos. 

La historia contaría que aún quedaría un último suspiro para Soda stereo, aquel histórico concierto eléctrico que grabarían para MTV en 1996, donde incluirían (¡y mejorarían!) algunas de las canciones de este álbum, pero aquello será motivo de reseña en 2027 si la vida me lo permite...

¿Canciones? 'Pasos', 'Ángel eléctrico' y el tridente final. 

9/10
Brillante.

martes, 6 de enero de 2026

Mon LaFerte: Femme Fatale (2025)

 "Oda a la (canción) cebolla..."

Tras un disco tan ecléctico como Autopoiética (2023) caía de cajón una especie de vuelta a la zona de confort por parte de Mon Laferte, es decir, un regreso a aquello que en Chile llamamos "la canción cebolla", la cual ha sido encarada por la vocalista desde distintos lugares a lo largo de su carrera. En dicho sentido en este Femme fatale volvemos a oír a la artista entregada al drama, a ese amor romántico incondicional y tormentoso, lo cual la conecta de manera clara con lo hecho diez años atrás en su álbum homónimo de 2015, quizás con el matiz de que esta vez la chilena aborda las temáticas de manera algo más adulta, sexual incluso. 

Todas las canciones por tanto de este álbum están dedicadas a la figura de un hombre, por las que el relato sufre, llora y añora momentos de compañía. El disco se sitúa por lo general desde la pérdida y la distancia, planteando desde ahí plantea un primer detalle/problema conceptual. ¿Por qué se titula Femme fatale si todas las canciones no guardan ninguna relación con dicho tópico? Una Femme fatale es una mujer audaz, misteriosa, dispuesta a engañar o a manipular a hombres utilizando la seducción como arma. Nada que ver con lo que el disco expresa, donde la figura femenina se sitúa en un lugar absolutamente pasivo, digamos, desarrollando esa clásica idea de la mujer que (sobre)vive "incompleta" al no contar con la presencia de "su" hombre. ¿Habrá algo más patriarcal que aquello? De Femme fatale nada.

Dicho lo anterior y pasando por alto el fallido concepto, el disco funciona bastante bien desde lo musical. Un continuo de catorce canciones que en cincuenta minutos mete mano a arreglos por lo general sutiles y desnudos, en ocasiones sosteniendo ese tono blusero y calmo durante todo el tema ('Mi hombre', 'Veracruz') y a veces generando explosiones que a estas alturas son sello de la artista ('Femme fatale', 'Otra noche de llorar', 'El gran señor', 'Melancolía'). Dentro de la lista destacan los arreglos de 'Las flores que dejaste en la mesa', que cuenta con líneas tan desatadas como "Seguramente me vas a extrañar cuando la tengas dura..." o "Seguro le vas a escupir en la boca y le dirás cuánto le amas...", así como el llamativo poema relatado cuasi erótico '1:30', que ciertamente habría tenido más sentido en Autopoiética pues acá desentona un poco. 

Están bastante bien los duetos que el álbum plantea, acercándose al pop en 'Esto es amor' (con Conociendo Rusia), dialogando entre amigas (de hombres, obvio) en 'La tirana' (con Nathy Peluso) y con un ex en la blusera 'Hasta que nos despierten la soledad' (junto a Tiago Iorc). Como detalle eso si estará el cierre, que al tocar siempre el mismo punto (hombres, hombres y hombres) tiende a agotar en canciones como 'Ocupa mi piel', 'My one and only love' (con Natialia Lafourcade en una colaboración bastante desaprovechada) y 'Vida normal'.  

Femme fatale nos trae de regreso a una Mon Laferte en su salsa, trabajando el tipo de canciones que mayor éxito le trajeron en el pasado. Desde lo musical el disco, como de costumbre, se sostiene por completo y las interpretaciones vocales vuelven a estar impecables. ¿Qué cansa un poco por la redundancia? Si, algo en el cierre. Sin embargo, las grandes canciones siguen estando y desde ahí el trabajo vuelve a ser un paso positivo en la sólida carrera de la chilena. 

¿Canciones? 'Otra noche de llorar', 'Las flores que dejaste en la mesa' y 'Melancolía'.

7/10
Muy bueno.


Otras reseñas de Mon Laferte:

sábado, 3 de enero de 2026

Natalia Lafourcade: Cancionera (2025)

 "Otra categoría..."

No era fácil. De todas las flores (2022) no solo representó el regreso triunfal de Natalia Lafourcade a la publicación de material inédito tras casi una década, si no que además fue un álbum que la situó en otra categoría, que la sacó definitivamente de la "canción pop" para transformarla en una autora de identidad profunda y particularmente sensible. Aquel fue un disco que centró su trayecto en la introspección personal por lo que había que ver hacia donde transitaba en una siguiente entrega. ¿Más de lo mismo o un regreso a fórmulas más accesibles? Pues ni lo uno ni lo otro. En Cancionera percibimos a una artista que ha decidido redoblar la apuesta y nuevamente junto a Adan Jodorowsky en producción + arreglos construir un disco que cuenta con un claro concepto sonoro, una especie de concierto de cuerdas en donde Natalia ("la cancionera") durante poco más de una hora se viste de cantora popular para reivindicar esta figura así como su eterna fascinación: la canción latinoamericana.

El conjunto necesitaba eso si una presentación clara y aquella llega en los diez minutos iniciales marcados por 'Cancionera' y una respectiva apertura instrumental, ambas se sostienen en base a la delicadeza de sus cuerdas y la intimidad de un sonido que impacta por su consistencia (idea que se retomará en el cierre de la obra mediante la majestuosa 'Lágrimas cancioneras'). En adelante, sin embargo, el álbum irá variando los tonos aunque se inclinará con fuerza hacia el folclor, ya sea desde ese sonido tan mexicano de 'Como quisiera quererte' o 'La bruja', el sabor de 'Cariñito de acapulco', hasta encontrar cosas más dinámicas y juguetonas en 'Cocos en la playa', 'El coconito' o 'El palomo y la negra'. El disco se paseará entonces por rumbas, boleros o baladas a cuerdas, y ciertamente no reparará en riesgos entre canciones que superan los seis o siete minutos, lo cual evidentemente vuelve al disco una experiencia que puede ser pesada en ciertos pasajes para muchos. Pero esto es así, Natalia Lafourcade no está hoy para concesiones melódicas o comerciales, lo tomas o lo dejas. Dicho en simple: si lo que buscas es el impacto inmediato, Cancionera no es para ti. 

Habrán detalles eso si. La versión de streaming del álbum, por ejemplo, incluye una toma aflamencada de 'Amor clandestino' que es superior a la que han incluido en el disco pues al ser más desnuda en cuanto a arreglos permite disfrutar mejor de la historia que se cuenta, así como lo ya dicho, que por momentos el disco abusa de sus atmósferas y aquello vuelve la experiencia por momentos demasiado arisca con el auditor, algo que se contrapone con la idea de acercar la música al inconsciente colectivo. 

Como sea, a la mexicana hay que darle su capacidad de haber mutado hacia este personaje que ha sabido construir. Para álbumes pop y melosos ya estuvo el exitoso Hasta la raíz (2015) diez años atrás, hoy la vocalista se encuentra en un lugar muchísimo más exploratorio donde cada propuesta parece ser más profunda que la anterior. Y aquello tiene enorme mérito.  

¿Canciones? 'Apertura cancionera', 'Cancionera', 'Amor clandestino' (versión bonus) y 'Lagrimita cancionera'.

8/10
Excelente.


Otras reseñas de Natalia Lafourcade:

jueves, 1 de enero de 2026

Resumen Blog 2025

 ¡Voy con el análisis de cada 1 de Enero! 

Nuevamente viví un año en que escribí bastante. Fueron 119 publicaciones, un par menos que en 2024 pero básicamente manteniendo la tendencia a publicar una reseña cada tres días. Agradezco como siempre a todos/as quienes pasan por acá y espero haber motivado a alguien a ir por un disco alguna vez, que al final ese siempre es mi objetivo: conectar. Primero conmigo mismo, pero luego compartiendo esas sensaciones con quien quiera leer. 

Ahora si que les mareo con los números. De esas 119 publicaciones:
12 fueron reseñas de aniversario, 8 correspondieron a discos rezagados de 2024 y en 3 comenté conciertos a los que asistí. Es decir, escribí respecto a 93 discos del año, cinco más respecto al año anterior. 

¿Y cómo anduve en términos de género? De los 113 discos reseñados (entre aniversarios, 2024 y 2025), 23 correspondieron a voces femeninas, es decir, un 20%. Esto representa un importante alza respecto a 2024 (14%), 2023 (17%), 2022 (15%), 2021 (16%) y 2020 (17%)

¿Y cómo anduve en términos de procedencia? Acá si que hay sorpresas. De manera inédita he disminuido la cifra de artistas estadounidenses que he reseñado, esta vez solo han sido 31 (un 27%, muchísimo menos que el 42% o 47% de años anteriores), mientras que mantuve mi tendencia con los artistas ingleses (un 24%, que está dentro de lo habitual). Lo anterior implica que el duopolio Estados Unidos/Inglaterra han concentrado un 51% de mis reseñas (cifra bastante menor al 65% de 2024 o el 69% de 2023). Fuera de estos, Suecia y Argentina fueron los países de donde más escribí (7 y 6 reseñas respectivamente), seguidos de Canadá, España y Alemania (con 5), Chile (4), Australia, Italia y Escocia (3), Francia (2), mientras que escribí de un álbum proveniente de Ucrania, Dinamarca, Finlandia, Austria, Uruguay, Puerto Rico, Hungría, Países Bajos y Suiza. Muy diverso el asunto este año. 

En fin...
¡Qué venga otro año de música maravillosa!
Un abrazo.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Candelabro: Deseo, Carne y Voluntad (2025)

 "Sofisticado y crudo.."

Que mejor manera de cerrar 2025 que escribiendo respecto al fenómeno musical chileno del año, uno que resulta especial además en muchos sentidos. Primero por lo musical propiamente tal pues Candelabro es un proyecto bastante "alternativo", siete integrantes liderados creativamente por Matías Ávila que traen al presente el sonido de leyendas nacionales como CongresoFulano o Los Jaivas aunque sin el componente andino de los primeros ni el jazz de los segundos, mientras se acercan a la vez al sonido actual que los ingleses Black country, new road han desarrollado durante estos últimos años, léase: canciones extensas, desestructuradas, donde la instrumentación juega entre intensidades que fluctúan constantemente y se encuentran puestas al servicio del mensaje que se entrega. Luego está también el que la banda está compuesto por jóvenes MUY jóvenes, chilenísimos también, de ahí que las líneas que se entregan contengan un componente nacional que vuelve al producto bastante autóctono. O sea, en lo concreto en el disco debut Ahora o nunca (2023) habían metido palabas de Eduardo Bonvallet y en este aparecen diálogos de Armando Uribe, ¿algo más chileno que eso?

Deseo, carne y voluntad no es un álbum conceptual pero si posee un hilo temático transversal que lo caracteriza, enlazando con fuerza los conceptos de fe y patria en cada una de sus canciones. En dicho sentido el momento más brillante del trabajo, y donde estos elementos se conjugan de mejor forma, se alcanza en el nudo del disco (¡donde debe ser!) mediante la pasada por 'Pecado' + 'Tierra maldita', dos piezas extraordinarias donde líneas como "Dios está perdido en una calle de Estación central", "Dios no elige a su pueblo, el pueblo elige a su Dios" o "Y yo me niego a creer que esta tierra está maldita..." impactan por la crudeza y desfachatez que transmiten en medio de un sonido tan sofisticado como crudo que se atreve a coquetear en la primera con el ska y en la segunda construyendo una atmósfera tan inmersiva como tétrica. Es el momento más enorme del álbum sin lugar a dudas. Antes de ambas Candelabro habrán planteado un trayecto que oscila entre el rock (?) de cosas como 'Domingo de ramos' o 'Haz de mi' (la más Congreso de todas), pasajes exquisitamente explosivos en 'Ángel', otros más golpeados en 'Tumba' y pasadas que se entregan al spoken word en 'Liebre'. Por otro lado, en la Cara B del trabajo luce el lúgubre pesimismo de 'Fracaso' (que carga con una evidente referencia al momento político chileno actual en ese "Y entre todo este fracaso habrá que levantarse a construir / Habrá que levantarse a trabajar / Por algo mejor...") así como el tremendo viaje que propone 'Cáliz', con bonitos guiños a Los jaivas en esta. 

No todo será perfecto dentro del álbum y eso hay que decirlo. Particularmente hay tres puntos necesarios de marcar. Por el primero eso si no les podemos culpar: la producción. El disco no suena bien. Suena pobre, artesanal, casero. ¿Qué esto termina siendo parte del encanto? Puede ser, sin embargo, la sensación que el álbum deja es que músicos de este nivel merecían una mezcla que les sacara mejor provecho. Aunque insisto en el punto, por esto no les podemos criticar, que en un país como Chile ya es tremendamente meritorio el que una banda como Candelabro hayan logrado grabar dos álbumes. Lo segundo: fallan las voces. Canciones como 'Prisión de carne', 'Tumba', 'Haz de mí' o 'Ángel' resienten muchísimo la falta de una voz convincente cuando va abajo en las notas (insisto, tampoco la mezcla ayuda). Y lo último: hay momentos que sobran. Se entienden las ganas de la banda por meter todo lo que había en la lista pero llevar al álbum sobre los setenta minutos entre canciones como '3 flores blancas' o 'José (créditos)' resulta innecesario para un disco que con diez minutos menos y cerrando con una canción como 'Cáliz' habría funcionado bastante mejor.

Dicho todo lo anterior, estamos ante uno de los grandes discos del año. Candelabro impactan por la crudeza y sinceridad que transmiten, también por la contundencia y diversidad que expresan en materia de arreglos. Deseo, carne y voluntad es un álbum desafiante con el auditor pero que derrocha magia y autenticidad, al que cuesta no aferrarse con esperanza hacia el futuro. Benditos sean cabros...

¿Canciones? 'Pecado', 'Tierra maldita' y 'Cáliz'. 

8,5 /10
¡Excelente!